
PEPI, SIEMRE LISTO
Por Mónica Gervasoni.
Espérame Pepi, no ves que estoy escribiendo…
No soy vegana ni vegetariana, pero hoy ejerzo mi derecho a defender la dignidad de una noble verdura: el pepino. En tiempos de scrollear soluciones y depender de baterías de litio, reivindico al precursor de la autosatisfacción femenina (y bueh, de quien lo quiera, al fin y al cabo ¿quién soy yo para juzgar?). Como mina responsable, además, me siento en la obligación —casi moral— de instruir a las nuevas generaciones y brindarles una opción de emergencia para cuando se corta la luz y la tecnología entra en pánico.
- El Héroe del Paleolítico Doméstico
Antes de que el mundo se llenara de cables USB-C, silicona de grado médico y manuales de usuario que nadie lee, existía este héroe humilde y crujiente en la sección de vegetales. Un producto de la naturaleza que ofrecía variedad de clases, tamaños y texturas (con o sin relieves, según la cosecha) y que satisfizo las necesidades de generaciones enteras.
Además, siempre lo tenías a mano. No había que ir disfrazada a ningún sex shop; en mi época era mal visto que una señora casada visitara esos sitios de perdición. Y ni hablemos de los precios, inaccesibles para una ama de casa. Bastaba con ir a la verdulería de la esquina —donde el verdulero te guiña como si supiera demasiado— y ¡listo el pollo y la gallina! (o mejor dicho, el modelo orgánico). Sin necesidad de cargadores ni software, él siempre estaba en modo “gauchito”: de la huerta a la acción.
- El Drama de la Evolución: De la Huerta a la Perforadora Industrial
Luego llegó el progreso y, con él, la complicación. Pasamos del verde esperanza a la gama “color piel”. Surgieron tamaños para todos los gustos: desde la que dice que “el tamaño no importa”, hasta la que defiende acérrimamente que el tamaño sí importa, acentuando su postura con un gemido de autoridad.
Pero comparemos: hoy, para tener un momento de paz, necesitas un kit de ingeniería. Tenes que buscar el cable (que nunca aparece), esperar a que cargue el Bluetooth y rezar para que el motor no suene como una perforadora industrial de la empresa de aguas… y, por supuesto, que no te pida actualizar el firmware en el momento menos oportuno.
- El Factor Discreción (y los Husmeadores)
El pepino, en cambio, era un ninja. Si lo dejabas olvidado en la mesita de luz, era un “olvido de mamá” de camino a la heladera. Si hoy dejas un juguete moderno, parece que aterrizó una nave de la NASA en tu dormitorio.
Y ahí vienen los cuestionamientos privadamente incómodos por parte de todos los integrantes de la familia. ¡Qué los parió! Hasta el gato y el perro andan husmeando lo que no les corresponde: el gato audita, el perro certifica, y ambos stalkean el cajón con el pepino, a lo sumo, el perro pensaba que ibas a preparar una ensalada.
Hoy vivimos rodeadas de dispositivos que vibran, rotan, hablan y casi que te piden el DNI y contraseña para encenderse. Pero no olvidemos nuestras raíces. Mientras la tecnología falla, se agota o se desconfigura, el noble pepino permanece ahí, impasible en su cajón de madera, recordándonos que para tocar el cielo no siempre hace falta un Wi-Fi de largo alcance.
Al final del día, lo moderno te da la potencia, pero lo orgánico… lo orgánico siempre te da la cara. EL cajón de verduras nunca me falló.
PD: Espérame, Pepi, ¡no ves que estoy escribiendo!
