SOY UNA VIEJA ADICTA A LA CAMA.

Por Lidia Poggio

Desde el día en que me jubilé paso mucho  tiempo en la cama haciendo absolutamente nada excepto cambiar de canales en la TV, prenderme cigarrillos, y comer vainillas mojadas en leche. Muchos dicen que estoy deprimida y que debo buscar ayuda profesional. La lógica dice que tienen razón, aunque yo disiento totalmente. Pero cuando los familiares amenazaron  con una casa de retiro o una cuidadora, me puse las pilas y pasé, para conformar a las masas, por las distintas etapas  razonables para ellos: hacer terapia, tomar antidepresivos y madrugar para dar vueltas por la casa sin nada que hacer.

Y volví  a la cama.

Dicen que hay personas que conquistan montañas… y otras -entre las cuales me cuento- conquistan la cama. Nosotras somos expertas en siestas olímpicas en distintas posiciones, sabemos comer en la cama, tejer en la cama, sabemos acomodar las almohadas para distintos menesteres y girarnos cada tanto para acomodar los huesos. No es pereza, es sabiduría acumulada: después de tantos años madrugando, una se merece estar horizontal en lo que le resta de vida.


Así que si hoy me buscan y no estoy, revisen primero la cama: probablemente esté allí, bajo las cobijas, practicando el noble arte de no hacer absolutamente nada.

No es enfermedad ni flojera, no es depresión: simplemente estoy haciendo nada, full time. Tengo cosas para hacer pero, sencillamente, no quiero hacerlas. No necesito consejos, ni frases de Coelho, Aristóteles, Gandhi o Scaloni … yo estoy bien, sólo elegí la horizontalidad. Estoy emocionalmente retirada del mundo. Levantarme no me va a hacer mejor persona, pero me va a enojar muchísimo…La gente muy activa me harta porque levantarme implica enfrentar gente, y hoy no tengo paciencia ni para mí. Si me ves acostada, no me motives: ya hice suficiente con seguir respirando. Si te molesta, lo lamento, pero no tanto como para levantarme.

En varias ocasiones me levanté para actos conmovedores, como cantar los goles de la Selección, gritarle “las Malvinas son argentinas” a los ingleses, e ir al baile de las chicas del club porque me prometieron que había dos viudos disponibles. Porque donde duerme uno caben dos, ¿verdad?. Agradezco mi incipiente falta de memoria, pues puedo ver la misma serie de Netflix y emocionarme con el final cada vez como si fuera la primera. Tampoco atiendo el teléfono, no comprendo la razón, tal vez temo que me pidan algo que me obligue a salir de la cama. Lo peor es la ducha…hay que levantarse, sacarse la ropa meterse en el cubículo, enjabonarse, enjuagarse…ya me cansé de solo describirlo. Pero hay una realidad: seré fiaca pero no sucia, y aunque soy adicta a la cama me gusta estar presentable y perfumada cada vez que llamo a emergencias, tres veces a la semana…

Ahora los dejo: la cama me espera.