
COMO DECIR NO
Por Lidia Poggio
Soy una persona que odia las confrontaciones y suelo caer
presa fácilmente de las presiones. La presión hace estragos en mi
capacidad de decisión, y suelo abandonar mis convicciones si con
eso evito una confrontación. Así pase 8 décadas, y pese a estar
pidiendo pista decidí que era momento de cambiar esta situación,
aunque sea para sentir que finalmente lo logré. Pero no es
sencillo. Este comportamiento requiere de una cuidadosa
preparación y un manual de instrucciones que incluye lecturas
previas de Freud, Lacan, Cohelo y algún que otro dicho de
Cristina. Por ejemplo el que dice: tengan miedo de dios… y un
poquito de mí.
La regla número 1 es no confiar en nada ni en nadie,
en especial no confiar en mí. Yo suelo ver el lado naif de la gente y
siempre me toman desprevenida, y si estoy desprevenida, me
aturullo, me atosigo, me conflictúo y muerdo con ganas el
anzuelo. Sin ir más lejos, los amigos que te extrañan y caen en tu
casa con un paquete de masas y cuando estas llorando de emoción
por tanto amor te largan sin anestesia… ”me salís de garante para
comprarme la casa”. Y yo pienso ¡ pero si la última vez me dejaste
colgada con la compra del lavarropas! Pero las palabras no salen,
¿por qué? Por falta de método, por falta de instrucciones, por
falta de previsión. Ayer puse en práctica las instrucciones y creo
que tuve éxito.
Me llama mi sobrino preferido y me dice, “voy a
cenar porque te extraño…” En lugar de llorar de emoción, y
cocinarle exquisiteces pasé a la primera regla del instructivo:
hacer una lista de motivos probables de la visita excluyendo, por
supuesto, que quiere verme. A) Necesita plata B) quiere mudarse
conmigo C) me va a pedir algún mueble que aún no se haya llevado
de mi casa. Paso al segundo punto de las instrucciones. Frente
a algún imprevisto practicar a decir noooo frente al espejo… no, no,
no. No importa lo que sea, mi respuesta tiene que ser nooo.
A la noche se aparece con un ramito de flores arrancadas de algún
jardín. Eso ya sobrepasa lo habitual y me pregunto si me habré
olvidado de evaluar alguna posibilidad. Durante la cena la charla
giró alrededor de la afip, los controles, la inflación. Yo seguía sin
descubrir el motivo de la visita pero repetía en mi inconsciente, no
no, no.
Al final surgió de manera casual la pregunta. ¿Podrás hacerme una
extensión de tu tarjeta para evitar problemas con la afip? Y
entonces, feliz rugí un NOOOOO que me sirvió para contrarrestar
todos los SI de los que me arrepentí toda mi vida.
Claro, hoy vuelve… me acaba de llamar. Queridas correligionarias
compañeras de lucha… alguna sugerencia????
