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Pendientes sexuales de la octogenaria

Por Lidia Poggio

En estos últimos años, próxima a los 80, me he dedicado a cumplir todos mis deseos pendientes. La mayoría están tachados de mi lista (cambiar la tapa del inodoro, tirar la ropa que hace 20 años no me entra, aprender a hacer una milanesa, etc.)  Sin embargo, aún no logré resolver los principales pendientes de mi vida… que están en el ámbito sexual. Mi experticia en el tema se limita al misionero y a la cucharita, ejercidos cada quince días  cuando tenía marido. Por ejemplo, en los baños de los aviones yo apenas puedo cerrar la puerta cuando me siento en el inodoro, y nunca pude entender cómo carajo hacen para coger en ese  espacio diminuto… En las películas te muestran que la gente coge como conejos no sólo en los aviones sino en apestosos baños públicos, en los pasillos de las bibliotecas haciendo equilibrio contra los libros de Shakespeare o de Wargon, o arriba del lavarropas mientras centrifuga,  ¿cómo carajo lo hacen?  Yo siempre tuve la  fantasía de coger arriba de la mesada de la cocina, contra la pared, arriba de los platos sucios, con los fideos con manteca resbalando sobre  mi generosa anatomía, pero mis parteners siempre eligieron una cena normal y luego la comodidad del colchón, donde se dormían antes de poner en marcha su maquinaria oxidada. Sin embargo, tengo la ilusión de cumplir mis fantasías antes de morirme. Por ejemplo, la postura del cangrejo que mencionan las novelas orientales. Antes de abalanzarme sobre el chino del súper fui a consultar a mi amigo Google, y con estupor leí que en dicha posición “ambos miembros de la pareja deben sentarse uno frente al otro con las rodillas flexionadas y los genitales en contacto”  ¿Qué?. ¡Descartada! Yo no me puedo atar los cordones de las zapatillas sola…  Sin perder la ilusión seguí indagando. El helicóptero sonaba interesante, pero lo descarté también porque cuando subí a la calesita con mi nieta me dio un vahído, así que dudo poder dar vueltas de 360 grados utilizando mis manos y talones para hacer los círculos, con el solo soporte del pituto del famélico chino. Repasé una a una las posturas y las fui dejando de lado. Desanimada, fui al super para calmar mi libido con un chocolate, cuando de pronto vi  pasar frente a mí al chinito empujando con vigor y alegría una pila de carritos con mercadería… y entonces recordé que había una postura adecuada: ¡la carretilla!. El nombre resulta bastante explícito y es adecuada para mi artrosis, además, mientras el chino me pasea por toda la casa me pondría unos trapitos en las manos y aprovecho a lustrar los pisos. Hola, hola, Chinchu? Necesito que me traigas dos franelas para lustrar y un vinito barato, para festejar…