«¡ALENTANDO HASTA LA MUERTE!«

Por Gabriel Steinberg
– ¡¡¡ BIEN CARAJOOOO!!!
Eran exactamente las 10 de la mañana del 1 de Abril de 2025 y se habían conectado al link, a darle enter, enter, enter como trompada de loco a las dos computadoras.
Doce minutos más tarde explotó el alarido de Mirta a su marido.
¡¡¡ Vaaamossss, entramos !!!
-Jodéme.
-¡¡¡Tenemos los pasajes, las entradas, el hotel, tenemos todo. Nos vamos al mundial, carajo !!!
Alberto, en lugar de abrazar a Mirta y festejar, se puso a mandar mensajes a todos sus amigos. Conseguí pasajes a Texas, conseguí, conseguí. Ni siquiera un conseguimos, y mucho menos un consiguió Mirta. No queda claro si para compartir la noticia o para darles envidia, de puro forro nomás.
La fecha del vuelo era para una semana antes del primer partido. Un poco más cara, pero les daba tiempo para pasear, recorrer, descansar. Así cuando empezara a rodar la pelota se dedicarían solamente al fútbol.
El paquete incluía los primeros tres partidos de Argentina y los de Brasil, después, de acuerdo a los resultados, verían cómo quedarse más días.
Familia acomodada, la guita no representaba un problema. Matrimonio con dos hijos y cinco autos en la cochera, a veces las matemáticas no son exactas.
Los hijos recontentos, por lo menos veinte días la casa para ellos, cajas de pizza, mate y bombachas podían convivir en la misma mesa.
El día del viaje, el hijo se levantó enojado porque los tenía que llevar a Ezeiza.
Si en algo era coherente Alberto era en su incoherencia. Se iba a patinar 10 o 15 lucas gringas, pero en un remise a Ezeiza no pensaba gastar. Claro, teniendo cinco autos, había que ahorrar.
Mirta llevaba ropa como para dos meses. De paseo, de noche, de playa …, en cambio él llevaba dos vaqueros, muchos shorts, un par de ojotas y no menos de diez camisetas de la Selección. De cábala la del ´86, todas las del Diego.
Llegaron al aeropuerto. Se notaba que el vuelo era todo de argentinos.
-Qué bueno, justo despegamos a la hora del almuerzo. ¿Nos darán vino?
-Con lo que pagamos nos tienen que dar vino, whisky y champagne. Además de la pasta o pollo, por supuesto.
-Cómo me molesta la cantidad de pibes que hay, todos gritando, cantando.
-No sé si te enteraste que estamos yendo a un Mundial, no al Vaticano. ¿Qué querés, que vayan rezando los pibes?
-Pero estamos en un avión, no en una cancha.
El viaje siguió su curso normal y después de doce horas, con escalas incluídas, estaban en Kansas.
Llegaron a un hotel lujoso y durmieron hasta la hora de la cena, el viaje había sido agotador. Decidieron comer en el restaurante del hotel.
-¿Qué me recomienda como plato típico?
Kan-Mey con queso- sugirió el mozo.
-Voy a seguir su consejo.
-Que sean dos y dos Fernet.
El mozo los miró como si le hablaran en coreano.
-Eso acá no tenemos, les dijo, al mismo tiempo que le guiñaba un ojo y les sugería que por una propina después les arrimaba una botella a la habitación.
Pasaron esa semana conociendo lugares y probando comidas nuevas, mucha playa y casi todas las noches coimeando al nuevo amigo a cambio de una botella de «Fernandito».
Y llegó el martes, el gran día.
-Preparate amor, quiero llegar temprano al primer partido, porque va a ser un kilombo.
-Dale, vení que nos pinto media cara de celeste y media de blanco.
-Ponete la tanga de la cábala, porfa.
-Ja. ¿En serio me decís?
-Sí, claro. ¿No me digas que no la trajiste?
-Pero si con ésa nos quedamos afuera en una final.
-No importa, juega Argentina y nos ponemos siempre lo mismo.
-¿Y vos?¿Tu cábala?
-Traje el mismo calzón, y eso que ya está tan roto que se me escapa el huevo izquierdo, y todo tiene que ver con todo, porque de paso por ahí me lo toco si veo a algún mufa. Además el mismo jogging, la misma camiseta, el mismo gorro, la misma bandera y la misma vincha.
Estos Argelinos se van a comer cuatro goles. Dale, dale, salgamos que no aguanto más.
-Ufa, cuánta gente. Por fin pude venir a un Mundial. Qué emoción!
¿Por qué hay banderas de tantos países?
-Porque es un Mundial, vienen hinchas de por lo menos 48 países.
-¿Y todos van a jugar hoy acá? ¿Ahora?
-No, ¿cómo van a jugar todos juntos?
-Qué se yo, encima hay tantas pelotas en la cancha que me mareo.
-¿Qué?¿Cómo que hay muchas pelotas?
-¿Y no ves que cada uno tiene una y encima alrededor hay un montón de otros chicos con pelotas en la mano?
-Pero no, por favor. Están entrando en calor, los pibes de afuera son alcanzapelotas.
-¿Qué, se llevan cada uno después una pelota a la casa? ¿Cuál se lleva Messi?
Para mí que hoy Messi va de arquero.
-¿Qué? Me estás empezando a poner nervioso.
-Pará. Ya sabés que así no te soporto. Todavía no empezó el partido y ya me hinché los ovarios. ¿A qué hora termina esto? Yo me voy a tomar algo por ahí y nos encontramos a la noche en el hotel.
-Yo no te puedo creer, pero andá nomás. Increíble.
Tres horas después Alberto llega a la habitación, su cara de orto delataba el resultado.
Mirta lo esperaba oliendo a ese perfume que a los dos seducía, con un baby doll y unas ligas que encenderían hasta al mismísimo diablo. Apesadumbrado como llegó, él la besa y la abraza, se acuesta al lado de ella. La tele estaba prendida de fondo.
Si alguien estuviese espiando entendería el sentido del Yin y el Yang. Él de jogging y ella hecha una diosa.
Se besan, se tocan, cae un bretel. Él se estira abrazándola intentando llegar al control remoto para apagar la tele.
De repente, todo se desmorona.
La pantalla está repitiendo los goles de la derrota argentina. El pito marcó el final del encuentro, y el del árbitro en la tele también.
