A LUBRICAR MI AMOR

Por Claudia Baier

Me permito parafrasear al Indio en el título, porque la lubricación aporta brillo. Ese que pierde una mina en el último tramo de la vida, pero con la belleza vintage de un Renault 12 aún vigente. Un maquinón!

Podemos seguir brillando con un ayudín, para que pistones, cigüeñal y bielas rocen sin fricción y armoniosamente.

Necesariamente hay que sumergirse en un mundo nuevo: el de la atención y cuidado de esa zona que no respira a cielo abierto como los ojos y la boca. Tan importante como la humectación de la piel del rostro, parece que lo es también la del engranaje de la entrepierna.

Yo creía ingenuamente que con un aceitito Marolio mezcla se podía revertir la impiadosa sequía. Error. Existe toda una industria cosmética dedicada a derrotar esta inclemencia climática.

Entrar a una farmacia para adquirir un lubricante no significa ningún escollo a esta altura de la vida, en la que todo nos chupa un huevo. Entramos con la cabeza en alto, y a viva voz exclamamos: necesito un gel íntimo ! a modo de arenga para desconcierto de los eventuales parroquianos.

Lo que no me esperaba, era la variedad de calidades y precios, y que existieran para otro objetivo que no fuera el clásico mete-saca. Resulta que son de uso diario, para el cuidado y la felicidad de la región, así como la Nivea en la cara o la Hinds rosada en las piernas.

Tampoco me imaginé que tuvieran una promotora ¡¡especializada!!
Per saltum, pasé de la empleada todo terreno a la militante de los geles que empezó a dar cátedra, y yo sin cuadernito para tomar apuntes!

“Con el tamaño de una lentejita, te lo colocás todos los días para humectar la zona”, “yo lo uso y siento como si me recorriera un aire fresco ahí (risas cómplices)”, “te anoto para una charla que vamos a dar en julio para celebrar el día del amigo y compartir experiencias”.
¿Pará hermana, y para garchar sirve?, “si, si, si claro”. Respiré aliviada pero extrañada acerca de la conexión entre el día del amigo y los geles íntimos.

Y agrega desdeñosa: el lubricante “común”, lo venden directamente en “la caja”. Pero a esta altura de la charla Ted, no estaba dispuesta a rifar mi dignidad llevándome el aceitito Marolio de la caja, como si fuera un chuflín para el pelo.

Atención a las marcas comerciales que me ofrecía la entusiasta de la humectación. Estaba “Lubrax”, muy pertinente elección del nombre, pero a un precio que esta jubilada empobrecida pero con ganas de fiesta no podía pagar. Y estaba “Viasek”. ¿Viasek?, ¿quién lo eligió?
¿el enemigo?, te la seca literal el nombre nomás. Pero hice oídos sordos a la marca disonante cuando escuché el precio. Menos de la mitad que el sugerente Lubrax. Palo y a la bolsa con el pomito.

Me olvidé de preguntarle a la profe si lo podía usar en la cara cuando se me termine la Nivea. Es que la crisis económica te abre un mar de oportunidades y opciones. Si un día me ven con la cara demasiado brillante, sospechen.

Me fui feliz revoleando la bolsita y cantando “¡¡Era para untar, era para untar!!”.