Estanislao y el ICE

Por Alejandro «el mínimo»
En la comarca de Estancia Old el consumo no mejoraba pese a los números cubistas de las estadísticas.
Bajo la sombra deshidratada del monumento al Indio Bamba, aprovechando la convocatoria del Cuarteto Fest, el intendente Cosplay, disfrazado de chapulín colorado, después de entonar “Quien se ha tomado toda el agua”, dijo: -La falta de trabajo y recursos es causada por la inmigración ilegal-. Los concurrentes se miraron sin comprender la alegoría que explicaba sus bolsillos hilachientos. -O sea, los porteños-, agregó, y ahí sí entendieron.
Antes de que se disiparan los efectos del Prityado estaba constituída la policía anti inmigratoria.
La tarea no era fácil, los límites del terruño estaban determinados por el río “El Evaporao” que -como su nombre indica- era muy difícil de distinguir. Los inmigrantes muy taimados podían discutir hasta las muy remotas épocas de lluvia cansando a los agentes, los más tercos hasta obtenían la ciudadanía express.
El gaucho, empoderado, no se desanimó, embriagado por su espíritu emprendedor. Orientándose por el acento y por la costumbre de confundir cualquier pajarraco que volara con un cóndor, comenzó a detener porteños, y -atrayéndolos con la promesa de una Pelopincho- los arrió para la comisaría.
La medida de arrestar turistas fue muy mal tomada por los cabañeros, que amenazaron con dejar de pagar los impuestos que nunca habían pagado. El intendente, perplejo ante este planteo paradojal, dejó sin efecto la medida y los liberó. También amenazó con que iría por las mascotas indocumentadas que usaban el dispensario, la plaza, y comían de los escasos pastos municipales.
Desilusionado, arrastrando las alpargatas y con la boina cabizbaja, regresó el gaucho a su querencia. Mientras tanto, la comuna requisó un micro de larga distancia y empezó la tarea de subir a bordo a las especies foráneas. No se salvó naides, se amontonaron los Bulldog de la francia, el cuzco tantiano, el cuis tibetano, los teros de siquiman, la lagartija esotérica de capilla, un ganso de pelea y otras especies foráneas.
Encontró el rancho silencioso, y se dio cuenta de que también te pueden extraditar los afectos. Con la furia del callado, tomó el rebenque comprado en Shein y fue a buscar a sus mascotas. Y ahí los vió, con el hocico húmedo pegado a la ventanilla y los ojitos asustados. A lonjazos se abrió camino derribando agentes del I C E. El mascoterío excitado, especialmente los teros y el ganso, no tuvieron contemplaciones.
Así Estanislao Noé arrancó el arca a gas oil, y se perdió por El Evaporao, esperando el diluvio.
