RECUERDOS DE PROVINCIA o EDUCANDO AL SOBERANO

Por Alejandro «El Mínimo»
“Hoy, niños, vamos a contar la historia del Indio Bamba. En primer lugar porque le da nombre al lugar donde vivimos y además porque la leyenda nos dice mucho de nuestros orígenes y de nuestra manera de ser.
Resulta que hace mucho tiempo en la época de la colonia, de un encuentro entre un español y una negra, nació el pequeño Bamba. Se crió trabajando, viviendo cerca de su prima Angélica, en la estancia de su tío, pero ignorando su origen”.
Estanislao escuchaba el relato sentado en su banquito, con su gallito Aquiles en la falda -que también miraba el inestable peinado de la maestra que culminaba en un prendedor en forma de pájaro dando el aspecto, en su conjunto, de un ave de corral-.
Muy temprano en la mañana la seño Hilda se empezó a preparar: Con celo catequista repasó la leyenda, se pintó las uñas, se maquilló con esmero y sacó la peluca que reservaba para acontecimientos importantes.
Iba a seguir el relato cuando escuchó la voz del inquieto Estanislao que, acariciando al gallito, dijo: – O sea que el papá se fue apurado y no le dijo nada-.
La seño se le acercó unos pasos, el gallito levantó el cogote mirando la peluca e infló sus plumas.
– Lo que pasa es que en esa época no se permitían los casamientos entre distintas clases-, eran otras épocas. ¿Entendés, mi amor?
El gauchito se quedó pensativo y lanzó: -Es que mi papá también se fue apurado, y fue hace poco. Era el dueño del campo-.
-¡Basta Estanislao, dejame seguir! ordenó la maestra acercándose al pupitre. El gallito saltó del regazo del alumno y mirando fijamente el prendedor empezó a agitar las alas. – Y controlá a ese animal, ya te dije que no se puede venir con las mascotas a clase-.
“El Bamba, enamorado desde niño de su prima Angélica, la raptó y la llevó a las sierras vecinas de Tanti. Allí vivieron de lo que les proporcionaba la naturaleza, siempre huyendo de las partidas que los perseguían sin descanso.”
- Como nosotros…
- ¿Como nosotros qué? – preguntó la maestra, acercándose de nuevo al educando con la regla de madera en la mano, mientras el gallito comenzaba a arrastrar el ala, visiblemente excitado por el olor a spray que fluía del peinado artificial.
- Nada, digo que nosotros también vivimos de la naturaleza.
- ¿Puedo seguir?
“Tuvieron cuatro hijos, pero la desgracia se cernió sobre ellos. El hijo menor murió, el padre también, buscando alimentos. La descendencia restante se dispersó buscando su destino y la viudita fue encontrada por los españoles y encerrada en un convento para expiar sus pecados”
- ¿Qué pecados?- atinó a preguntar el pequeño Estanislao.
- ¡Pero escuchame, abombado! ¡Vos no entendés nada, ella había violado las leyes, convivió con un negro sin casarse, tuvo cuatro hijos naturales!
- ¿Hay hijos artificiales?
- No tenés cura, aulló la Señorita y, arremangándose el delantal, avanzó sobre el preguntón y lo tomó de las solapas del frágil guardapolvo usado. Sus caras estaban a centímetros, también a centímetros de Aquiles quedó el objeto de su amor, y con las hormonas anarquistas de un gallito joven, de un salto se montó sobre la peluca erotizada, con el pico tomó el prendedor y se comenzó a menear sensualmente.
La señorita Hilda comenzó a dar vueltas tirando manotazos a su cabeza hasta que peluca y gallo cayeron al suelo. La maestra, cuál capitán Acab, tomó el gigantesco compás de madera que usaba en el pizarrón y arponeó al gallo. La humanidad del gauchito se interpuso, lo que dio tiempo al ave para ganar la puerta.
El secuestrador enamorado se dirigió a las sierras, siempre con la peluca en el pico.
El educando, héroe incomprendido, quedó a disposición del poder ejecutivo de la primaria Medina Allende.
