ARCHIVOS WARGON

Dedicada a Coquito que huyó de mi refugiándose en la muerte. ¿Quizás porque le hacia estas cosas?..

AMOR, ¡HAGAMOS EL AMOR COMO SALVAJES !

Estábamos en la esquina de Corrientes y Montevideo a las dos de la mañana, cuando saliendo de un café vi en el quiosco un titular irresistible: «Hago el amor como un salvaje» y la foto del galán… 

Hacer el amor como salvajes.

Verlo y volverme loca fue una sola cosa. Arrebatada por la pasión, arrastré a mi marido (que en esa época estaba muy gauchito) hacia casa jadeando: ¡Hagámoslo igual!

El enano se mostró entusiasta aunque desconfiado y sugirió en el acto comprar la revista. Me negué, estaba segura de que, si leía todas las declaraciones, más que erotizarme me exponía a un ataque de frigidez a perpetuidad. Sin embargo, la cuestión nos ponía al menos en la necesidad de algunas consideraciones, por ejemplo: ¿cómo hacen el amor los salvajes?

Primeros fracasos

Sin mayor rigor científico recordé a Tarzán, que si bien no era un salvaje auténtico al menos había sido criado por los monos, pero a poco de repasar su historia descubrí lo evidente: pese a tanta biografía ¿quién sabe cómo hace el amor Tarzán..? Oscuras leyendas han corrido sobre su relación con la mona Chita, pero como esa comparación me ofende, decidí dejar a Tarzán y buscar algún ejemplo más exultante. Además, mi marido mostraba muy poco entusiasmo ante la idea de descolgarse de una liana. Decía que estaba gordo. Sin rendirme y aún obnubilada por la pasión se me hizo presente la imagen de un indio verdadero, ¡nuestro indio por antonomasia! ¡Lo tengo! grité, mientras corría a ponerme mi camisola negra. ¡Es Patoruzú!

Un llamado de atención de mi esposo, quien no había acompañado para nada mis euforias, me devolvió a la realidad. Una vez examinado el caso, entre Tarzán y Patoruzú, sólo quedaba optar por Tarzán que, al menos, aunque con extrañas tendencias zoofílicas, tiene buen lomo…¡Patoruzú! ¡alma mía! Amén de esmirriado siempre fue virgen. Pero el gordito seguía resistiéndose a la liana, así que decidimos tomar unos mates mientras buscábamos una buena fuente de inspiración.

¡Hollywood, ven a mí!

Mientras trataba de conservar mis calores iniciales dimos un repaso por Hollywood. Recordamos todo tipo de indios. Los grandes caciques fumando marihuana en su pipa de la paz y para nada sexys con esas pieles de aspecto apolillado. Luego ese confuso malón de salvajes que mueren en cuanto aparece John Wayne. Tan patéticos y perdedores que mi libido rodó por el piso mientras dejaba enfriar el mate. De todos ellos sólo sabíamos cómo fumaban, pero de «eso» nada. De cualquier forma mi marido se negaba a cualquier simulacro de tirarse de un caballo alegando lumbago. Ya estaba por rendirme cuando ¡aleluya! hello allí, Kevin Costner en Danza con lobos -¡Eso es lo que quiero, papito!-exclamé mientras corría en busca de mi perfume francés. Recios con muchas plumas que me hagan cosquillas, envueltos en una manta india. Mi marido resopló de la manera menos erótica que se pueda imaginar y muy lacónico apuntó: ¡Kevin Costner es un blanco anglosajón! Caramba, tenía razón. Entonces, ¿cómo hacen el amor los salvajes? Ya absolutamente deprimida y menos erotizada que las acelgas de mi heladera, le pedí que calentara el agua para seguir tomando el mismo mate, dado que sin duda, yerba había.