ANIMALITOS DE DIOS

Por Viviana Sgavetti

Para los que no ven Animal Planet y están pensando en una especie de locos con turbante que deambulan anunciando catástrofes, les cuento. Los pangolines son unos animalitos parecidos a nuestras autóctonas mulitas, también llamados futuros charangos, pero en lugar de púas tiene unas escamas tipo alcaucil, medio puntudas e inexpugnables.

¿Y a qué viene todo eso?

Vaya al cuarto de sus crías, léase hijitos entre 13 y 25 años más o menos, párese cerca de la puerta y grite: ¡¡¡Por favor, ayuda!!! y arroje algo pesado al suelo, como si fuera usted mismo. Espere unos segundos… luego unos minutos, y algunos minutos más; cuando llegue a media hora, dese por vencido. No van a acudir.

Paso 2: irrumpa en el cuarto. Si logra discernir dónde se encuentra el susodicho, en medio de camas sin tender, medias huérfanas, ropas con diferentes grados de mugre, puchos de sabe Dios qué, cajitas infelices de hamburguesas a medio comer, envases de diecisiete clases de bebidas gaseosas, e innumerables envoltorios de chicles, todos rodeando el papelero vacío salvo por un par de escupidas … sigo, si encuentra a su vástago, interpélele ásperamente acerca de su indiferencia: -¿No escuchaste que te llamaba? Espere otra interminable tanda de minutos, y el diálogo será algo más o menos así:

-¿Eh?

-¡Que te estaba llamando!

-¿Qué hacés en MI cuarto?

-¡Te estaba llamando, te necesitaba!

-¿Y por qué entraste a MI cuarto?

-Te dije, porque te estuve llamando y nada…

-¿Nada qué, no ves que estaba ocupado?

-¿Ocupado? ¡Si estás como siempre, idiotizado frente a la pantalla de la computadora!

-Estoy bajando “La venganza de los vampiros babeantes”… ¿y vos qué hacés en MI cuarto?

-Te recuerdo que TU cuarto está en MI casa… y ya te dije, te necesitaba

-Ah sorry, TU casa, perdón por respirar, por existir, por estar… Pará, ¿no sonó el timbre? Cierto, TU timbre. ¿Podés ver si llegó MI novia que viene a ocupar un espacio de TU casa? ¿Hay comida?

Lo mismo si el tema es que usted está llorando, ardiendo de fiebre, o decide separarse de su marido, incluso si el marido es el propio padre del engendro.

La respuesta será siempre igual: ninguna. Como los monitos de las estatuitas no escuchan, no ven, no hablan… con nosotros, claro. Si aparece alguno de sus pares, el sujeto cobra vida, abre la puerta y lo recibe en su reino privado, del que sólo saldrán por comida. La indiferencia que los habita fuera de ese mundo exclusivo que se han creado a nuestra costa, es significativa. Y me recordaron a los animalejos esos.

Los pangolines usan las púas-escamas como medio de defensa. Nuestros hijos ni siquiera las usan, no tienen que defenderse de nadie, porque les hemos allanado tanto el camino que van a ciegas, con la vista fija en el celular, sacando fotos de la rajadura de la baldosa que se parece a la sonrisa borroneada de Joker. ¿Las escamas? Creen que son mugre, que ya saldrá cuando decidan bañarse… un día de estos.

¡Y nosotros que nos reíamos de las historietas con mutantes!