«INCOMPRENDIDA»

Por Lidia Poggio

Últimamente me han pasado algunas cosas que develan claramente la incomprensión de la gente vulgar hacia los seres de luz que experimentan revelaciones supremas. Los seres privilegiados de este grupo suelen ser de edad avanzada… o sea, los sabios para los romanos y los viejos de mierda para los pendejos insoportables, incluidos nuestros parientes.

Sólo los hijos discapacitados nos miran con admiración hasta la vejez. Me refiero a discapacidad motora o neurológica severa. Porque los que padecen discapacidades menos obvias, como las que padecen mis hijos, mis nietos, mis sobrinos y mis alumnos,

viven sumidos en la creencia de que, después de los 70, deberíamos “eutanasearnos”,  a menos que tengamos una jubilación de privilegio.

Si. Hoy estoy enojada. La semana pasada estaba con mi computadora portátil, tratando de leer mis mails, e intenté manejar el teclado con el mando del televisor en lugar de usar el mouse. Justo estaban de visita (visita: solicitud de préstamo incobrable) los tres frutos de mi vientre. Ésta es la mejor definición para ellos, pues a veces son tres soretes. Inmediatamente me sometieron al interrogatorio de rigor: en qué año estamos, quién es el presidente, cómo me llamo, cuántos años tengo, etc, etc.

Son ignorantes. ¿Cómo convencerlos de que en el futuro habrá un solo aparato que sirva de mouse, control de tv, prendido de artefactos … ¡y también de consolador!. ¿Cómo convencerlos de que mamá en ese momento alcanzó a “ver la luz” con un adminículo Revolucionario? … ¡¡¡No!!! Ellos pensaban: -Mamá esta lista para el geriátrico, tenemos que poner la casa a nombre nuestro … el perro es de raza y debe valer unos buenos pesos, y el pato lo comemos en la próxima navidad-.

Dándome cuenta hacia dónde apuntaban sus pensamientos, mostré una gran desenvoltura y desvié la atención al precio del dólar, tema que los pone muy nerviosos y los descoloca.

Siempre fui distraída, cuando era joven en una clase me comí una goma confundiéndola con un chocolate blanco, y mis discípulas comentaron que eso era típico de un genio concentrado. Hoy la misma acción es típica de demencia senil.

De vez en cuando me hago un análisis cognitivo, porque prefiero conocer mi realidad y me gustaría elegirme el geriátrico. La primera vez me fue bastante bien, aunque erré en algunas zancadillas que te ponen.

Dos años después me volví a hacer el estudio y son tan ingenuos que realizaron la misma prueba, sólo me confundí con el nombre del presidente porque ya no se si es Alberto, Cristina, Massa o Milei. Lo que es seguro es que después de la próxima evaluación ponen mi cerebro en formol, como al de Einstein.

Ahora los dejo … me manche con tinta, estoy chupando la lapicera, no porque la haya confundido con un pucho o con el sagrado miembro varonil, sino porque estoy trabajando en la creación de un vapeador que sirva para escribir, aspirar pegamento, revolver la salsa y, por supuesto, como consolador aromatizante.