«TITILA«

Por Claudia Baier

Me río de esta actualidad de sexos fluidos y percepciones variopintas. Es que ya en los 90 tuve un gato que fue y vino. Fluyó y transitó ayudado por una familia irresponsable, una niña resuelta y una veterinaria drogada.

Comprobé además que los gatos no son esos tiranos de cuatro patas que dominan a su antojo el universo y a sus humanos como nos quieren hacer creer. Ni la cuadra dominan.

De chiquitos son como peluches asexuados y es todo es muy difícil de identificar en esa entrepierna. Como el que había encontrado mi hija en la calle, naranja rayado, hermoso, y al que le asignó sexo femenino y bautizó Titila. Dicen que los niños son muy sabios en ciertas cuestiones y asumimos que identificar el sexo de los gatos sería una de ellas. Y porque no teníamos internet, básicamente.  Bienvenida Titila.

Acordamos  que no queríamos que  se reprodujera, y cuando  estuvo en edad de salir de fiesta por los techos, visitamos a la veterinaria del barrio por un método anticonceptivo. 

Cuando le presentamos a la gata y nuestra inquietud, le abrazó la panza con las dos manos, la toqueteó bastante  y dijo muy entusiasta y convencida, mmm sisisisi ella ya anda noviando!. Recetó pastillas anticonceptivas y le abrió una ficha.

El designado para moler con un mortero su pastilla y disimularla en la leche para que la consumiera engañada fue mi medio pomelo de ese momento, mi pasión mascotera no alcanzaba ese nivel. El ritual dio resultados, cero embarazos. Y claro…

Una mañana llega maltrecha, con resaca, cabizbaja, y con algo parecido a un tomatito cherry asomando en la zona de su ano. Preocupación y alerta en la familia. Ya se le va a pasar dije, ocupada en mil cosas,  intentando tranquilizar y desdramatizar para que no me jodan, pero fue inútil. Al rato todos subiendo a mi Citroen 3cv rumbo a lo de la vet. Nos recibió una joven asistente, que debería tener dos materias de veterinaria o capaz bachillerato completo, que nos dijo ni bien la vio, señora, eso que asoma son sus testículos, un rasguño en una pelea se los dejaron al descubierto. Hay que castrarlo.

Largo silencio y miradas de no entender que mierda pasaba. Cuando pudimos reaccionar pedimos el turno para castrarla… castrarlo…

La niña había decretado que era hembra, pero la supuesta experta en el asunto, tuvo ocasión de desmentirlo y desasnarnos y se le pasó “el detalle”. Después me enteré que era actriz, así que supuse que esa sería su verdadera profesión y la veterinaria su hobby, o estaba bajo los efectos de drogas duras y alcohol el día que nos dio las pastillitas.

Así que la misma persona que nos recetó las anticonceptivas, le cortó los huevitos al sufrido michi.

Salimos de casa con Titila, y volvimos con Titilo. La única señal de vida y de sorpresa que dio mi socotroco cuando llegamos fue separar un rato la vista de su libro para decirnos: “Este es un Cris Miró cualquiera”. (¡Gugleen imberbes!).

Qué vida más incierta, atropellada y confusa que le dimos al pobre. Pero, Sr Juez, no nos mire sólo a nosotros.

Y murió como la mayoría de los  gatos machos de familias pobres. Obstrucción urinaria ocasionada por el alimento berreta.

La vet sigue atendiendo lo más campante, impune y feliz.  Tal vez justo la agarramos en un mal día.

Sólo me intriga saber si se habrá atrevido a actualizar la ficha de Titila/o, y si el michi nos estará haciendo fuck you desde el cielo de los gatos, envuelto en una boa de plumas color fucsia.