YO FUI UNA NENA PORNOGRÁFICA

Por Lidia Poggio

A los 6 años odiaba los bebotes, las muñecas convencionales, los jueguitos de té y de cocina, pues no me interesaba jugar a la mamá, ni a la maestra, y menos aún al ama de casa. A esa edad le pedi a mi madre que me hiciera unas muñecas de trapo cuyo molde había hecho yo copiando a las mujeres de Divito del Rico Tipo de esa época. Sin saberlo, estaba inaugurando a las Barbies  de trapo.

Mis Barbies tenían que tener tetas prominentes, colas pulposas, y largas y provocadoras cabelleras de lana de colores diversos. También le pedí a mi madre que me hiciera uno o dos varones: el padre de familia… decía yo … con ojos dulces y mente podrida. Por supuesto, mis varones no tenían órganos sexuales (no podía pedirle tanto a mi inocente madre), por lo tanto   yo los fabricaba con escarbadientes, los que me permitían variar su tamaño según la ocasión.

Mi cómplice era mi prima, cuya madre también aportaba mujeres y varones a la orgía que teníamos en mente. Nuestras mujeres cogían todo el tiempo, en la casita de cartón, en el zapato de mi padre que oficiaba de automóvil… Teníamos amas de casa, prostitutas, monjas, todos los personajes que  sacábamos de los cuchicheos de las vecinas del barrio. Embarazamos a nuestras protagonistas y les pedimos  bebes a nuestras azoradas madres, que no entendían por qué sus nenas seguían jugando a las muñecas cuando el resto de las niñas ya se interesaban por ir a bailecitos y por los chicos granujientos y desgarbados del barrio.

A los 15 años empecé a vivir mi propia historia, y mis Barbies de trapo pasaron a mejor vida. Pero aun recuerdo con cierto remordimiento a mi madre diciéndole a sus amigas que la nena jugó con las muñecas hasta los 15 años.

¡¡¡Esa fui yo!!!