
EL AMOR EN TIEMPOS DE THERIAN
Por Alejandro «el mínimo».
¿Qué es el tiempo?, meditaba Estanislao mientras revivía los dos minutos de sexo que había vivido con el amor de su vida, Jennifer. Eran los dos minutos más largos de su existencia porque los rememoraba todas las noches, tendido boca arriba, bajo el techo de chapa. Para darle intimidad y por algunos contenidos para mayores, las mascotas solidarias salían a jugar afuera.
Jennifer había seguido su vida, y aunque pasaba mucho tiempo tendida boca arriba en la cama por su trabajo, no pensaba en él todavía.
Esto empezó a cambiar cuando la política entró en su camino de una forma extraña.
En medio de una crisis existencial por la baja pronunciada de followers, Jenni salió a caminar buscando un cambio espiritual.
Ajena a los bocinazos y palabras de aliento que le susurraban, vio en una plaza un grupo de therians que se olisqueaban. Inmediatamente supo que se abría un portal. Desechando ofertas, volvió a su casa y encarnó un atuendo minimalista que consistía en unas orejas puntiagudas y una colita larga, tipo hilo dental.
La imagen explotó en las redes, y así la vió el gaucho solitario. La reconoció al instante, no le daban las manos para los likes, así de fiel y memorioso era su amor.
A raíz de su popularidad, la propuesta a ser candidata no se hizo esperar. Desde la fundación de protección a los THERIANS, financiaron su sueño en la gran ciudad. Para perplejidad de los encuestadores, su imagen positiva no paraba de crecer, pese a las acusaciones de frívola, arribista y terraplanista.
Para reforzar su postulación, los asesores de imagen se lanzaron a filmar la biopic. Los tiempos de las elecciones los obligaban a grabar todo en vivo. Así viajó Jennifer con el equipo de producción para rememorar el romance con un muchacho del interior que no era otro que el gaucho lover de Estancia Vieja, que se preparó con todo su amor para ayudarla en su carrera.
Lustró las alpargatas, le pasó el peine fino a la boina. Con vinílico para autos roció a Ernestina la lagartija y el cuis Jazmín ligó la crema para peinar introduciéndose al mundo de la cosmética capilar. Nunca volvió a ser el mismo. Pero esto es un detalle frente al encuentro amoroso sísmico que iba a suceder.
El rancho estaba alborotado. Estanislao, exaltado, perseguía a la therian tropezando con la mesita de luz, la mesa, las sillas. Ernestina y Jazmín, siempre más racionales que el dueño, optaron por subirse a la cómoda y quedarse como estatuas junto al reloj despertador a cuerda y al elefantito con el lecor enrollado en la trompita. El director le dio las instrucciones.
-Lo que usted tiene que contar es su historia de amor, cómo se conocieron, la separación, cómo se extrañaron. ¿Si? Es importante que sea verosímil porque vamos a salir en directo en las redes ¿Entiende?-
El enamorado se acomodó la boina, sentado con Jenni a su lado en el catre desvencijado, testigo de aquel amor, y asintió.
-Bueno, empecemos: -¿Cómo recuerda el primer día que la vió? Estanislao miró la colita de zorro que ondulaba en la cama y respondió: -Con más ropa-. Jennifer sonrió y le guiñó un ojo, el gaucho se encabritó y se le quisó subir encima. El chistido del director lo volvió a su lugar.
– Cuéntenos como se conocieron.
– ¿Bíblicamente?
– No, no, me refiero a si los presentó alguien.
El Enamorado se rascó la boina pensativo: -De eso no me acuerdo muy bien, de lo bíblico sí y eso que fue como un refucilo, ¿vio?.
– Fue una conexión muy fuerte- agregó Jennifer metiéndole un codazo. Estanislao, que nunca había entendido bien las señales y andando escaso de contacto humano, lo tomó como una señal, se paró en el catre y la agarró por la espalda. El director entró en escena y le tiró gas pimienta. El enamorado reprimido frotándose los ojos, empezó a hablar.
-Bueno, ella vino a Estancia Old por una fiesta patronal o un concurso, no me acuerdo bien, es que de changuito vengo flojo de gigas.
Se quedó varada y yo le ofrecí casa y cobijo. La invité a mi hogar que era un templo de barro inmaculado, una ermita habitada por mí, que era un asceta involuntario. El clima indicaba que se me iba a dar, pero antes me pidió “una prueba de amor” que consistía en promocionar su moneda virtual: El Bamba Coin, entre mis conocidos.
-No sabía que era trader, diputada. ¿Fue un éxito?- preguntó subiendo el tono el director.
Estanislao se apuró a responder: – Mire, para la gente no, pero para mí sí, aunque tuve unos problemas legales después. Jennifer se dió media vuelta y mirando a Estanislao con los senos al aire, sin parpadear siquiera, interrumpió para decir que las dos primeras horas la moneda estuvo bien para arriba. El gaucho, animado por las palabras, aulló y se le tiró encima. El dire lo tomó de los tobillos e intentó arrastrarlo para la cabecera del catre. Jazmín y Ernestina, identificando una agresión hacia su fogoso amo, bajaron de la cómoda y se ensañaron con el talón de aquiles del agresor cineasta. La therian que era una militante, entendió que había que poner el cuerpo. La cámara sin juzgar grabó el desfogue proselitista.
Duró lo que duró, pero las redes explotaron. Ella se vistió acomodando las orejas puntiagudas y la colita de zorro. Él mirando el reloj pensaba que Dios, ese distraído, a veces se compadece y le tira un orgasmo a los pobres.
