Police line do not cross barricade tapes on a crime scene with evidence numbers.

MAL DÍA

Por Leonardo Silveira

Crimen pasional en el albergue “Te la zampo”.
Ya no se puede comer tranquilo en esta ciudad, y bue tendré que dejar las patitas de chancho para otro día.
Casualmente me encontraba en la parrillita a la vuelta del telo cuando escuché el aviso en la radio. Soy el primer oficial en llegar al lugar de los hechos, el dueño histérico me grita todo junto, partuza, perro en celo, gemidos, merca, vidrios rotos, alcanzo a entender lo principal.
La escena en la suite Monarca es grotesca, botellas de sidra barata por el suelo, forros colgados de la araña, tres consoladores tamaño matafuego y un pan de manteca derritiéndose sobre la cama, -es verdad que la lubricación es importante en estos casos- además de una tanga echando humo sobre el velador.
Del perro ni noticias pero sobre la cama está la occisa.
Mujer caucásica de cuarenta y tantos, semi desnuda, boca abajo y con unas nalgas de campeonato, alrededor del cuello lo que parece ser un slip de hombre, tal vez sea el arma  homicida.
Al acercarme a la cama piso un sorete de perro tamaño zepelín, – mal día para olvidar ponerme el cubre suela antes de entrar a la escena- lo peor, hoy estreno botas, si el perro no está muerto lo liquido yo.
Pegado a la cama hay un ventanal con los vidrios rotos y cortinas de terciopelo rojo. ¡Un momento! Huelo algo raro, pero ¿Qué es? ¿Porro, sahumerio, Pachuli?, años de merca arruinaron mi olfato, pero aun así, hay algo familiar en ese olor, talvez sea la cortina, ni bien me acerco estornudo salivando todo, – mal día para olvidarme los pañuelos – ¡Ya fue! me limpio con la cortina.

¡Opa! ¿Qué tenemos aquí? Parece una billetera asomando de entre las nalgas de la víctima, aunque se podría guardar un set de equipaje completo en ese culo, jeje.
¿A ver a quién pertenece?
¡Uy! no me puse los guantes, ¡Dios! estoy hecho un pelotudo hoy, mejor uso las sábanas.
Ok, plata no hay, acá están las tarjetas y el documento… ¡Ay la puta madre!,
es de Carmelita, la esposa del comisario, ya se me hacía conocido ese culo.
¡Uy! que quilombo se va a armar cuando el viejo panza de vino se entere, pero
¿Qué hacía Carmelita en un telo roñoso como este?
Y lo que es peor, me estaba engañando la muy turra, pensé que Yo era su único amante…  Bueno, no se puede negar que se divertía.

Ok, mejor me pongo las pilas antes de que lleguen los de científica y se lleven las mejores pistas.
Además, esta es mi oportunidad de quedar bien con el jefe después del quilombo del traslado de la merca incautada, jamás me creyó que se me perdieron cuarenta y cinco kilos, cuando paré a comprar puchos.

Ok, vamos a tomar nota de los hechos… ¿Y la birome dónde la dejé?
¿Pero que carajo me pasa hoy?, no me sale una, – mal día para olvidarme de tomar las pastillas-.
Entra el dueño del telo a los gritos de nuevo y de repente escucho un ruido que no distingo de dónde viene, le digo que haga silencio y me dirijo al baño, al abrir la puerta se me abalanza un gran danés con una tanga de cuero puesta y un collar de tachas, sale corriendo de la habitación y el dueño del telo detrás de él.
Aprovecho para ingresar al baño y resbalo con un charco de meo del Bobby, lo que me faltaba, me ensucio el pantalón, me lo saco para lavarlo mientras esquivo el charco de orina, pero al dar un paso atrás vuelvo a resbalar para caer de cabeza dentro del hidromasaje. Se me apagaron las luces.
Al recuperar la conciencia, estoy esposado, sentado en la cama junto a Carmelita y escucho los gritos del comisario cuando se acercan los de científica y le dicen
– Sin duda fue él jefe, la huella en el sorete pisado, la saliva en la cortina y las huellas en la billetera de su esposa concuerdan.
Mal día para ser yo.