
CUENTO CHINO
Por Pablo Colombo
Yo tolero el capitalismo de la misma forma en que me resigno a envejecer: porque las alternativas son peores. Pero Mercado Pago tiene la rara propiedad de serme odiosa por partida doble: para los adultos mayores es un incordio, y emigró a Uruguay con el cuento chino de que aquí el mercado es muy volátil.
Alguna vez juré no utilizarla mientras viva, igual que Uber, McDonald’s o Burger King, y todas las veces fracasé arrastrado por las circunstancias o por mis nietos, que a mi edad vienen a ser la misma cosa. Calladito me bajé Mercado Pago, comencé a llenar mis datos y llegué a pensar que yo en esto era una luz.
Llegado a un punto la perversa aplicación me solicitó reconocimiento facial y pidió que me quitara los anteojos. Pero saltó una leyenda que obviamente, sin anteojos, no conseguí leer, y luego apareció una señal de error con una imagen más o menos de George Clooney bien encuadrada y la absurda leyenda “el encuadre debe verse así”. Entonces me puse los anteojos para seguir las instrucciones, pedí otro tipo de reconocimiento y me mandó uno al celular. Que no podía usar porque estaba ocupado con Mercado Pago. Cuando me las arreglé para encuadrar la jeta ya había anochecido y me aconsejó “verifique que la luz sea suficiente”. Hasta mañana Galperín y lcdtm.
Finalmente, la app se apiadó de mi impericia hasta que me acostumbré a andar por ahí sin efectivo. Pero son tiempos duros, y en un chino donde había ido a comprar escabalientes, bondiora, jamón cosito y jamón curudo, me antojé con una estupenda cervecita verga, digo belga, que había ido por error a parar allí. Cuando quise usar Mercado Pago, vi el cartelito que decía “no trans fresia”. Visto que me iba a perder la cervecita y la picada, la discusión con la dueña subió de tono y finalmente le revoleé el celular por la cabeza. Me comí una denuncia por violencia de género y de número, para no hablar de la ortografía. Tienen razón los que dicen que el mercado está volátil.
