
RECUERDOS DE LA CONVERTIBILIDAD o EL FUTURO YA LLEGÓ
Por Alejandro el Mínimo
Después de travestirse para la elección (que ganó), el gaucho se distanció de la política y se refugió en el rancho como le aconsejó el licenciado en autoestima que dirigía el dispensario de Estancia Old.
Tras una jornada deshidratante buscando bayas y frutos secos (en la sierra con el calorón todos son frutos secos), se sentó con Ernestina, la lagartija, y Jazmín el cuis, para contarles el cuento de las buenas noches.
Hoy tocaba “Las aventuras del abuelo materno en la época de oro de la convertibilidad”. Cambiando la luz del fogón por la pantalla del Nokia 1100 y apurando un té de espinillo, Estanislao comenzó su relato.
“Resulta que el abuelo conoció la época de oro de Estancia vieja. La estatua del Bamba era tan joven que acné tenía, la pobre. En ese paraíso un Bamba valía un dólar. La fuerza de gravedad se imponía y no había inflación. El nono, como buen hombre de fe, esperaba igual que los demás paisanos que la bonanza durara muchos años. Eso sí, los comienzos no fueron fáciles, él mismo lo garabateó con una birome china comprada en un Todo por dos Bambas. “La moneda escaseaba más que la lluvia”, y ahí se paró porque la birome dejó de escribir… También dijo que el gauchaje se quedaba sin trabajo, que la changa escaseaba y que los paseadores de cuises sin trabajo hacían piquetes. Incluso observó que unos pocos viajaban a Miami y volvían con televisores a color, radiograbadores, perfumes importados y videocaseteras. Entonces el abuelo tuvo una iluminación: si ahorro un Bamba por mes al cabo de un año tendré doce dólares y si ahorro cincuenta años… Ahí se le complicó. Volvió al Todo por Dos Bambas a comprar una calculadora pero no le alcanzó. Igualmente tuvo fe y ahorró casi todos los meses.
El paraíso anoréxico no iba a durar por siempre, la gente se empezó a levantar. En esos días aciagos el abuelo juntó los dólares ahorrados y fue a la agencia de viajes para ir a Miami, pero tampoco le alcanzó. De todos modos la fortuna se apresentó en la mesma figura de un remisero trucho que le ofreció hacer el tan esperado viaje.
A veces el destino es culeau con el cristiano liberal. El remis lo dejó en un polirubro de Carlos Paz de nombre Miami Beach. Desensilló del Renault doce y con el vuelto se compró una coquita de doscientos cincuenta centímetros cúbicos, mientras sin comprender observaba los saqueos”
Ernestina y Jazmín lagrimeaban en la falda de Estanislao, en una noche sin memoria.
