LA VIEJA VA A VOTAR

Aunque tengo 80 años me dije que debía cumplir con mi obligación ciudadana y decidí ir a votar. Independientemente del sentido patriótico, me resulta una salida divertida, uno puede conocer gente interesante, en especial señores mayores en buen estado mental y genital. Así que llamé un remis y salí con mi elegante bastón y los elementos imprescindibles para poner en pie a la República, es decir, tijera y plasticola.
Cuando llegué a destino todos me cedieron el paso, no sé si porque me confundieron con alguna distinguida personalidad o por el bastón… No hay duda de que tengo cara de ser fan de alguno de los dos candidatos porque en cuanto llegué, la mitad de las autoridades de mesa y fiscales me hicieron sentar, me dieron medialunas y me sirvieron un mate, mientras la otra mitad me arrojaba miradas furibundas mascullando: ¿por qué la vieja no se quedó en la casa?… No se con quien me identificarán, ¿será que como tengo artritis en mi mano derecha tengo dos dedos rígidos? … mejor no arrojar conjeturas.
A mis lectores les debo confesar que ninguna de las listas me terminaba de conformar así que, una vez en el cuarto oscuro, comencé a poner en marcha mi plan de unidad nacional: con prolijidad y patriotismo recorté todas las caras que contaban con mi aprobación y empecé a pegarlas en una hoja en blanco. Me sorprendieron ciertas ausencias en las listas en relación a la votación anterior, es que no encontré a algunos candidatos. Para no perder tiempo preferí no llamar a los fiscales avisando de la falta de boletas y, sacando de mi cartera todas las listas de la votación anterior, elegí cuidadosamente los rostros de los candidatos que debían -a mi entender- integrar esta fórmula ganadora. El recorte era trabajoso, en especial las mechas voladas de uno de los candidatos que no nombro para que no me anulen el voto.
Cada dos minutos golpeaban la puerta y me preguntaban si tenía algún problema, si necesitaba ayuda, ¡creen que los viejos somos lentos, o tontos! Finalmente terminé mi collage triunfador, doblando ordenadamente mi lista de unidad nacional, provincial, municipal y ¡genial!. Me costó ponerla en el sobre, me había excedido en la plasticola, pero lo logré.
Cuando salí del cuarto encontré a las autoridades de mesa y a los fiscales desesperados, ya estaban llamando al SAME (la impaciencia de la juventud). El problema entonces fue meter el sobre en la urna, ¡chorreaba plásticola por todos lados!. El presidente de mesa, con los ojos desorbitados y ante tan inusitada situación me preguntó -Pero ¿qué hizo? Indignada lo miré fijamente a los ojos y le dije: -Señor, me extraña su pregunta… EL VOTO ES SECRETO. Los fiscales se lanzaron sobre mi e inspeccionaron con desconfianza el pegoteado sobre … pero el libro que consultaron nada decía sobre pegoteos, plásticola y … no tuvieron más remedio que dejarme votar!. Terminé de introducir el sobre y me alejé, orgullosa, porque ¡LOS VIEJOS TAMBIÉN VOTAMOS!
